¿Cuánto cuesta realmente no tener un proyecto ejecutivo?
¿Te suena la frase: “Ya tenemos el terreno, ya tenemos la idea y ya tenemos el presupuesto. ¿Para qué gastar tanto en planos? Mejor empezamos y vamos resolviendo sobre la marcha…”?
Suena lógico… hasta que la obra comienza.
El problema es que la obra no es el lugar para terminar de diseñar el proyecto.
Un proyecto ejecutivo no es simplemente un conjunto de planos. Es la herramienta que permite transformar una idea en algo construible, cuantificable y controlable.
Arquitectura, estructura, instalaciones, detalles constructivos, especificaciones, cuantificaciones y criterios deben trabajar bajo una misma dirección. Porque cuando esto no sucede, las decisiones que no se tomaron en el escritorio comienzan a tomarse en campo.
Y ahí es donde aparecen:
- Retrabajos.
- Demoliciones y correcciones.
- Material desperdiciado.
- Cambios de última hora.
- Interferencias entre especialidades.
- Compras incorrectas.
- Tiempos muertos.
- Adicionales y órdenes de cambio.
Y hay un costo que muchas veces olvidamos contabilizar: El tiempo.
Cada decisión que se retrasa en la etapa de proyecto puede convertirse en una decisión mucho más costosa cuando la obra ya está en marcha.
Por eso, el proyecto ejecutivo debe entenderse como una inversión, no como un gasto previo a la construcción.
No se trata de cuánto cuesta diseñar sino de cuánto cuesta equivocarse construyendo.
Algo importante que hay que reconocer es que un proyecto ejecutivo tampoco elimina por completo los imprevistos. Eso sería imposible.
Lo que sí hace es reducir la incertidumbre y permitir tomar decisiones antes de que esas decisiones sean caras.
En términos simples:
𝘿𝙚𝙛𝙞𝙣𝙞𝙧 → 𝘾𝙪𝙖𝙣𝙩𝙞𝙛𝙞𝙘𝙖𝙧 → 𝙋𝙧𝙚𝙨𝙪𝙥𝙪𝙚𝙨𝙩𝙖𝙧 → 𝙋𝙡𝙖𝙣𝙚𝙖𝙧 → 𝘾𝙤𝙢𝙥𝙧𝙖𝙧 → 𝘾𝙤𝙣𝙨𝙩𝙧𝙪𝙞𝙧 → 𝘾𝙤𝙣𝙩𝙧𝙤𝙡𝙖𝙧.
Cuando comenzamos a construir sin haber definido correctamente las primeras etapas, las siguientes empiezan a trabajar con incertidumbre, y esa incertidumbre, tarde o temprano, termina teniendo un costo.
En PRAICON | Diseño y Construcción, creemos que construir mejor comienza mucho antes de colocar el primer elemento de la obra. El verdadero ahorro no está en gastar menos antes de comenzar, está en equivocarse menos cuando ya estamos construyendo.